domingo, 6 de marzo de 2011

El amor es como el póquer

El amor, una relación, es como jugar póquer. Empiezas con recibiendo tus cartas y de acuerdo a lo que tienes, apuestas. Si crees que tienes con qué ganar, apuestas un poco más, si no, esperas la apuesta de la otra persona.

Con el tiempo se van mostrando más cartas, y tú decides si subes la apuesta o sencillamente esperas. Cada quién tiene su estilo, algunos son pasivos y prefieren reaccionar según lo que la otra persona juegue. Otros son un poco más lanzados y apuestan sin importar lo que el otro juegue. Los extremos son los que juegan a la ofensiva y juegan a "restos", es decir, apuestan con todo lo que tienen desde un principio, y por supuesto también están los temerarios que juegan mostrando las cartas. Están seguros de que lo que pueden ganar bien vale el riesgo.

Lo importante en este juego es que nadie te obliga a apostar. Tú eres quien decide si vas a seguir con el juego, si pasas y esperas, o si subes las apuestas. Tú decides si estás dispuesto a apostar un poco más y quizás perder en el camino.

En la vida como en el póquer analizas tus posibilidades de ganar, analizas tu juego y lo que tienes para apostar. Piensas si vale la pena el riesgo y apuestas o te retiras. A medida que se aumentan las apuestas el riesgo es mayor, pero también es más interesante. Muchas veces para ganar en grande, debes apostar en grande.

Y también, como en el póquer, cada quién juega según sus experiencias pasadas. Si en la mano anterior apostaste mucho y perdiste, en esta juegas más conservadoramente. Si en la anterior apostaste muy poco, en la siguiente prefieres ser más arriesgado.

Para mí, tanto en la vida como en el póquer, lo importante es jugar. Apostar. No quedarse a un lado de la mesa. No soy un espectador. Si pierdo no importa, algo aprendí. Eso sí, creo que no he aprendido a cañar. Por eso pierdo seguido.

Ellos ya siguen a la marmota

Marmotazos populares