domingo, 17 de julio de 2011

Mr cab driver

Les contaba la vez pasada sobre las "habichuelas". Siempre en los viajes pasa algo. Paseo sin chasco no es paseo, no tiene gracia. Si cuando vuelves a tu casa no te ha pasado nada, golpea un policía, rompe un vidrio, hazle zancadilla al tío pachanguero -todos tenemos un tío juvenil que se cree de la edad de los sobrinos y baila con ellos-. La vida está hecha de recuerdos, si no tienes uno bueno cada día, ¿qué esperas?

Aparte yo he tenido siempre problemas con los taxistas (también algo en "Se le murió la madrecita")  No sólo en Bogotá, sino en Medellín, Alemania (donde me sentí secuestrable) y ahora Kansas. Me odian, viene en los genes taxísticos. Pero ya vamos para allá. 

Estábamos de viaje por trabajo con dos compañeros en Estados Unidos. Cuando llegamos al hotel salió un negro grandísimo y le dijo en inglés a uno de mis amigos "¿le ayudo con la maleta?", -"Bueno gracias", respondió inocente y tímidamente mi amigo. Las maletas no pesaban un carajo, el señor este movió las maletas 3 metros (ni siquiera las llevó hasta el lobby), acto seguido le estira la mano (gigantesca) pidiéndole la propina. ¿Quién le dice que no? Todo el viaje mi amigo estuvo huyéndole al mastodonte aquel por miedo a que le cobre por mirarlo.

En la tarde salimos de shopping, paramos un taxi saliendo del hotel y mi amigo se ofreció a pagar -el mismo del gorilón de las maletas-. El taxi arrancó, hizo la U más adelante y justo en el lugar en el que arrancamos ya llevaba 5 dólares el taxímetro. Osea, el cruce de calle más caro que me ha tocado. El karma con los taxistas nos sigue por todo lado. Aún no me he ido y ya me han pasado varias cosas, como el que no sabía dónde quedaba el destino. Cuando le dije a dónde íbamos me miró con cara de africano en Estados Unidos. De hecho era de Somalia. Nos tocaron también de Namibia (se llamaba Getahun) y Suráfrica (el señor don Tewolde). En Kansas el sector transporte público está dominado por África, yo creo que se traen algo entre manos, pero no lo sostengo. Los africanos tienen manos grandes y yo no. 

Bueno, volvamos al segundo taxista del cuento: El somalí este buscó (sin mentirles) como 7 veces en el GPS. No tenía ni idea. ¿Kansas City? me preguntó. Casi le digo "No pendejeishon, Johannesburgo". Le dije que por qué no buscaba el hotel por nombre y no dirección. Pero nada. Llamó a un amigo y la conversación era en somalí (supongo, porque inglés no era) algo como "bla bla bla hotel bla bla, Columbia bla bla, aveniu bla bla… aja… aja… ¿bla bla? aja…". ¿Se han dado cuenta que para los que viven en USA Colombia es Columbia? Yo siempre les digo "Bogotá, Colombia, south america" para evitar confusiones.

Finalmente el señor Tugu (así se llamaba) encontró la dichosa dirección. Nos miró como si hubiese encontrado la fuente de la eterna juventud. Se veía igualito a Leider Calimenio celebrando un gol en clásico bogotano.

Por fin salimos… nos llevó y, bendito sea Dios, llegamos sanos, salvos y sin mayor problema, nada más que calor. No sé qué se traen los taxistas, pero me late que son una logia muy antigua tipo masón y tienen dominado el mundo. Y ninguno de nosotros se da por enterado. Deberíamos preguntarle a cada taxista qué piensa hacer el 21 de diciembre del 2012. Seguro sus respuestas serán similares. Apostemos.

El de cierre: cuando llegamos al aeropuerto desde el hotel nos bajamos como cualquier parroquiano, pagamos lo que decía el taxímetro, como cualquier parroquiano. Bajamos las maletas y todo bien, hasta que vimos que el taxista -africano- nos estaba mirando rayado -como si fuera japonés-. Al preguntarle nos dijo "tienen un recargo de 3 dólares hasta el aeropuerto", como cualquier taxista. Conchudo.

Ellos ya siguen a la marmota

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