domingo, 2 de octubre de 2011

Casi


Hace un tiempo se hizo el Festival de Jazz en Bogotá. Una buena amiga me invitó a la inauguración, que era de entrada libre y se presentó la banda bogotana Monsieur Periné. Recomendada.

Allá llegamos con Cata y Sergio, en un taxi raudo y veloz por el trancón de la carrera 13. No íbamos bien de tiempo y menos con el tráfico capitalino. Afortunadamente nos estaba guardando puesto en la fila Mauricio. Cuando recogí a Cata, Mauricio me envió un mensaje diciendo "apúrense, la fila está larguísima". 10 cuadras después "ya empezamos a entrar, corran". Y corrimos. Con la gota aún en la cara llegamos al teatro, efectivamente la fila era como de 3 cuadras. Aparte yo no tenía el número de celular de Mauricio y la comunicación era vía twitter. Muy afanados fuimos a la entrada y ahí empecé a recorrer con la vista la fila a ver si contaba con suerte, hasta que empecé a escuchar "OMAR, OMARRRRR". Allá estaba Mauro, no muy lejos.

Hicimos la fila entonces, en grupo, y cuando faltaban unas 30 personas para entrar sale alguien diciendo "Dissssculpennnn, su atención por favorrrr: El teatro se llenó. Ya no podemos permitir más ingresooooo". Plop. Nos miramos entre todos, ninguno se movía, como diciendo "Aaaah no, de esta fila no me saca es NADIE", como esperando que el personaje dijera "EEEEH MENTIRAAAA, sí pueden entrar, sigan". Es que uno si es bien pendejo.

Bueno, esa es la historia de mi vida. Siempre quedo "apenitas" para ganar algo, pero nada. Soy de esos que hizo filas eternas (últimamente) para comprar el Baloto y que siempre dice "uish, casito", y que eché madres cuando se ganaron los 74 mil millones de pesos. Soy de esos que queda de segundo hasta jugando solitario en windows.

Soy como esos niños que llegan al partido de fútbol del barrio, con todo puesto: uniforme completo, guayos nuevos, canilleras y demás... y luego dicen "Omar al gol". De esos que sólo juegan cuando es el dueño del balón. Cuando era niño en las piñatas siempre salía perdiendo: Mientras Alfonso salía con dulces, chicles y hasta walkman de las piñatas, yo me quedaba con el muñequito negrito de 4 centímetros, de esos que tenían los ojos como rosados... una vaina rara. Eran tan feos esos morraquitos que ni mis primitas de 4 años me los aceptaban regalados. Creo que si hubiese clasificado a pirinola, en todo lado diría "todos pierden".

Es como soñar los números para la lotería, comprarla... y SI, ¡JUEMADRE, SON LOS GANADORESSS! pero en una lotería de Indonesia. De aquellos que se ganan la rifa del barrio, la que sorteaba la plancha blanca con la Lotería de Boyacá, y que cuando la va a reclamar le dicen "No don Joaquín, esos números salieron pero en el sorteo de la semana pasada, no de ésta".

En las fotos, cuando no las tomo, soy el que dejan en los extremos y sale sólo media cara porque "no alcanzó". Y eso que ahora hay cámaras digitales. Es como cuando te ganas algo que ya tienes pero ni modos de vender el nuevo, como me pasó en el colegio. Y es por eso que no me gusta ganarme nada:

Cuando estaba a punto de graduarme, entregaron formularios para la Universidad Nacional entre los mejores estudiantes. A mí me dieron uno -pues sí, en el colegio era ñoño y qué- pero resulta que yo ya había comprado, diligenciado y entregado. Me lo gané, pero ya lo tenía. Inscribirse con estos formularios tenía la gran ventaja de que eventualmente haría más barata la matrícula por ser de un programa especial (como pertenecer a alguna comunidad indígena, por ejemplo). Entonces llamamos a la universidad a comentar el caso: "tranquiiiilo, aquí anotamos sus datos y eso no pasa nada. Cuando se presente para el examen avisa y listo".

Pues nada, cuando fui a ver los resultados de las inscripciones, junto a mi nombre decía: "Inscripción anulada por presentar doble formulario". O sea, el premio se me convirtió en que me anularan el proceso y un dolor de cabeza de una semana mientras solucionábamos la medio pendejadita.

Por eso que prefiero no ganarme nada. No me jodan.

Ellos ya siguen a la marmota

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