lunes, 4 de enero de 2010

Lo siento, pero seré un mal amigo!

Hace unos meses estuve en Panamá, en plan vacaciones para alejarme del caos de Bogotá (ya era caótica antes de Samuel Moreno... imagínense ahora) y disfrutar de la playa, la brisa y el mar. No a muchas personas les comenté que iba y no es porque no quería que mis amigos supieran, sino porque... no quería que mis amigos supieran. Resulta que los colombianos tenemos una costumbre muuuuy aburridora: No podemos resistir que alguien viaje al exterior y no hacerle algún pequeño (o muy grande) encargo.

Cuando viajé a Argentina tomé la decisión tres días antes. TRES DIAS! No tuve tiempo de contarle a casi nadie; en mi familia sabía mi mamá y aquellos a quienes ella les contó. Nada más. Y algunos amigos, entre ellos el que me ayudó a conseguir los tiquetes y la que iba a visitar a Buenos Aires. Creo que conté con suerte porque no sabía que si más amigos se hubiesen enterado, habría sido peor. Para ese viaje, de ida tuve que llevar: varias mudas de ropa de invierno (aquí en Colombia no tenemos estaciones así que la ropa nos sirve para todo el año), un par de libras de café, harina para hacer arepas (http://es.wikipedia.org/wiki/Arepa), un par de cajas de aguardiente antioqueño y un Nintendo (O era playstation??). Sí señores, cómo no. Un nintendo. Ni siquiera conocía al dueño de dicho aparato pero allá fui a dar con el "encarguito". De vuelta? De vuelta vine con varias botellas de vino y pisco chilenos y fernet. Varios dvds y cds (en Argentina la música es mucho más barata que acá) y un montón impresionante de alfajores "comprados por Corrientes, en Havanna que son los más ricos, mijo".

Para el viaje a Panamá cometí el error de decirle a varias personas aunque recordando la pasada experiencia, tampoco fueron muchos; incluso creo que les dije más a los que no les tengo confianza que a los otros. Bueno, esta vez no viajé sólo sino que fui con una amiga, y entre los encargos que nos hicieron a ambos están:

- Un computador portátil o laptop.
- Un reloj.
- Tres perfumes.
- 4 Camisas. "Allá te encuentras tiendas Lacoste por toooodo lado, comprame unas camisitas, por favor"
- Una sudadera
- Unas camisetas
- Tenis (3 pares)

A la lista anterior súmenle todo lo que, bendito sea mi Dios, no cayeron en cuenta y no nos encargaron. Llevo un día aquí y ya un par de personas me dijo "ay, no aproveché para encargarte...". En mi oficina tienen la costumbre de traer algún detalle cada vez que alguno viaja, entonces súmenle los kilos de dulce que nos empacamos. Lo más... "curioso" de todo es que para la mayoría de cosas ni siquiera tuvieron la delicadeza de darnos la plata. "Cómpralo que yo aquí te pago, ¿Cuándo es que vuelves?", "tranquilo, eso no cuesta más de doscientos mil pesos, no es problema". Será que tengo cara de millonario? Será que creen que me pagan en Euros y que no pago impuestos? Pues muy bueno sería y todo pero... pues tampooooco.

Dejemos algo claro: Cuando viajas de vacaciones es de vacaciones. No a hacerle compras a todos tus conocidos y no tan conocidos. La verdad llegué más cansado de lo que salí porque el último día se lo dedicamos a comprar los "encarguitos". La última noche me acoste tarde, disfrutando del hotel al que acababa de llegar (muy buen hotel, a propósito), y madrugamos para salir a Colón que es donde se suele ir de compras porque es zona libre. No se imaginan la manera en que corrimos todo el día comprando todo y que no se nos fuera a quedar nada. "¡¡Ay carajo, la sudadera de Pepito!! ¿Dónde la compro?", "¿Cuál fue el perfume que me encargó Susanita?", "nooo, no me puedo ir sin comprarle los tenis a Camilito". Qué estrés. Me sentí en The Amazing Race - Panamá.

Aparte, no hay nada más aburridor que comprar algo a ciegas y no saber si le va a gustar al interesado. Que la camisa le quedó grande, que esa no era la talla del pantalón, que ese color no me convenció, que ese perfume no me gusta tanto, que por qué tan caro si me dijeron que costaba 3 dólares menos. AAAAAAAAAY NOOOOOOOOOO!!!! A ver: eso costaba, eso me cobraron. No me iba a recorrer todo Colón para ahorrarme 2 dólares en una camiseta. Si alguien encarga algo que aquí vale 500 mil pesos y lo conseguimos en 300 y no en 280, pues ya es ganancia, no molesten tanto. Ese día no almorzamos porque no quedó tiempo. Compramos una hamburguesa en Mc Donalds y nos la comimos en el camino de regreso. Y yo odio Mc Donalds. Créanme que no hay nada más frustrante que llegar con la ilusión de entregar los regalos y que los miren con cara de "y eso no más?". "No lo tenían en rojo?". "Oye pero esto no es original porque el logo no es plateado". CARAJO!

Por estos días vino mi primo a Colombia y no le contó a nadie (yo incluido). Cuando le pregunté me dijo "uy no, es que si me pongo a contar, me ponen a traer encargos". Me sentí avergonzado porque, aunque yo ya sabía que venía y no le habría encargado nada, sí le he encargado algunas cosas anteriormente. Pero nada, se a-ca-bó. Cuando viaje, no traigo encargos. Prefiero que me digan "mala clase", "mal amigo", "mala sangre", "poco amigo que no trae encargos". Y cuando alguien viaje no haré encargos tampoco. A menos que sea algo demasiado concreto y fácil de conseguir, que no tenga que ir a recorrer cuanto centro comercial exista y que no sea complicado. Los autorizo a mirarme rayado cuando les pida algo. He dicho.

Ellos ya siguen a la marmota

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