viernes, 1 de enero de 2010

Por qué no creo en agüeros

Aprovecho la ocasión para agradecerles mucho a todos, los que me leen, los que dejan comentarios, los que motivan. Nunca pensé hacer un blog que leyeran más de cinco personas, yo incluido. Mil gracias por este año que pasó. Ustedes son de lo mejor. Que este 2010 les traiga todo lo bueno, que sean muy felices y que se les quiere mucho! Un abrazo de marmota.

OmarD


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Cuando finalmente llegué de darle la vuelta a la manzana, mamado, ya algunos se habían olvidado -o no se habían percatado- de que yo me fui a correr maletas en mano. Es que uno ya no está para esos trotes, literalmente. Hace unos años les habría hecho la San Silvestre con una mano amarrada a la espalda. 

Agüeros hay montones, cada año me entero de uno nuevo, nuevo para mí, quiero decir. Yo personalmente no suelo ser de los que los "practican" porque no creo en eso. No estoy convencido de que el hecho de hacer "algo" el último día del año me defina el siguiente, o de que el primer minuto del año vaya a marcar lo que serán los 525599 restantes. Para mí la cosa es más de proponerse objetivos, propósitos o metas y procurar cumplirlas. Cosa que tampoco hago. Creo que mi propósito de cada año, al ver la emoción con que cada uno hace su lista es "carajo, este año sí hago lista de propósitos!!". Parafraseando a mi amigo Sebastián (@sebasjuantian): "Este año sí. ¿sí qué? No me pregunten, pero este año sí, juepuerca!!"

Es verdad, este año sí. Este año haré el ejercicio de hacer propósitos, que no tienen que ser antes del minuto 1 del día 1. Pueden ser el primero, o el dos, o cualquier día. Lo importante es hacerlos. Al menos funciona para los no tan entusiastas como yo. Tengo pensados algunos pero no los he escrito así que me daré a la tarea más tarde, luego de que juegue un rato xbox, vea televisión y tienda la cama -entre los propósitos están jugar menos xbox y ver menos televisión, cambiarlo por libros-.

Por supuesto no puedo dejar de mencionar las cabañuelas (http://es.wikipedia.org/wiki/Caba%C3%B1uelas) que, bajito bajito, son de 1840. Si hacemos la matemática, son 170 años de tradición. Y aún hay gente que lo cree. Si es por eso, basándome en lo que he visto hasta ahora -son las 2 de la tarde-, Enero va a ser berracamente soleado en su primera mitad. Ahora, si eso es cierto, de aquí al 15 va a hacer sol. Yo me pregunto: si hace sol hasta el 15, quiere decir que del 1 al 12 hará clima seco, por tanto todo el año hará sol. Lógica ilógica. O es que las cabañuelas no aplican para Enero? O sólo desde el 13? Es una "ciencia" inexacta? O como toda regla tiene sus excepciones? En fin, no creo que haya muchas vueltas qué darle. No creo en eso. Aunque les confieso que todos los años le presto especial atención al día 3 de enero, hacia las 4 de la tarde que es cuando coincidiría el 21 de marzo, día de mi cumpleaños. Digo, uno nunca sabe. "No creo en brujas pero de que las hay, las hay".

El 31 de diciembre está lleno de creencias y supersticiones, y uno no puede apuntarle a todas. Lo digo por experiencia propia. Aunque no creo en eso decidí incluírme en la fiesta, el jolgorio y el güepajé y me le medí al agüerismo decembrino. Desde el 29 de diciembre compré las 7 yerbas para el baño que me daría el 31. Madrugado me levanté para poner a hervir semejante mezcla digna de cualquier bruja de marras y me di el baño cantando "me dejóoo una chiva una burra negraaa" -la parte de la suegra sólo la tarareé porque de pronto se me cumple. Digo, uno nunca sabe-. Tras quitarme la última hoja yerbabuena que tenía pegada a la espalda y salir oliendo a cilantro mentolado, me arreglé para la tradicional reunión familiar.

En la mesa dispuse mi paquetico personal de espiga, debidamente enlazado con cinta roja. Si vamos a hacer algo, pues lo hacemos bien hecho, ¿no?. Al dar las 12 agarré mis 12 uvas y empecé a engullir con cada campanada -no intenten esto en casa, es para profesionales. Como yo no lo soy, por poco muero a la cuarta uva que estaba más grande de lo esperado-. Entre uva y uva repartí besos a mis tías, primas, mamá y abuelita. Incluso creo que alcancé a rumbiarme a mi tío Miguel, pero todo queda en familia. Aún con dos uvas entre la boca agarré par maletas y me di a la carrera. En el barrio de mi abuelita las cuadras son un poco más grandes de lo normal, porque el barrio es una serie de "conjunticos" residenciales, pero como ahí viví toda mi infancia no sería la primera vez que lo hacía. Salí cual raponero de la 13 con sendas maletas y empecé mi recorrido a lo que me daban las piernas. Ahí fue cuando recordé que ya no tengo veinte años y a la media cuadra ya estaba sacando la lengua. Pero el problema fue cuando al llegar a la cuadra siguiente para darle la vuelta a la manzana noté que el conjunto estaba enrejado -y no como en mi infancia- y tenía las puertas cerradas. Mi vuelta a la manzana se convirtió en dos manzanas del tamaño de una papaya bien formada, pero me dije a mí mismo: "bueno, con esto mínimo me voy a Europa, lo vale, lo vale". Ok, no me lo dije, jadeé lo primero y lo segundo me limité a pensarlo, pero también cuenta.

En el sentido de vuelta me vine por la paralela de la autopista así que varios carros me pitaron emocionados y celebrando -eso pensé- aunque para mí fue como las cornetas del apocalipsis. Aturdido como estaba decidí parar faltando media cuadra a tomarme el pulso. ¿Recuerdan que en la media maratón murieron dos personas? Bueno, yo sí y no me iba a arriesgar. Además muchos vuelos tienen escalas, la corrida con maletas bien pueden tenerlas también. Llegué caminando a la casa no sé cuánto tiempo después. Nadie lo habría notado porque nadie me extrañaba. Tras varias preguntas de familiares entendí un par de cosas.

Les aconsejo, antes de meterse en estos cuentos, que se documenten bien. Sépanlo: no hay necesidad de llenar las maletas para dar la vuelta a la manzana y, sobre todo, los cucos amarillos van por dentro.

Ellos ya siguen a la marmota

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