domingo, 10 de octubre de 2010

Réquiem por Sergio -Repetición-


Este post lo escribí hace casi un año. Aquí está el original, por si alguno quiere ver los comentarios de la primera publicación. Lo traigo a colación porque el miércoles 20 de Octubre de 2010 es el tercer aniversario de la muerte de mi hermano. Algunos de ustedes quizás ya lo leyeron.

Es un pequeño homenaje a mi hermano, a mi compañero de mil aventuras. A la persona de la que obtuve algo de mi sentido del humor, la que me enseñó a burlarme de mí mismo (él fue el primero que se burló de mí), al que me presentó mi primera novia. A un ser que me enseñó a agradecerle a Dios el hecho de estar vivos y caminar al parque a respirar sonrientes. Un abrazo gigantezco y mi amor profundo y eterno para Sergio, allá en su nubecita con dirección hidráulica.

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Para escuchar mientras lees.

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Los que me conocen saben que poco me gusta hablar de estas cosas. No soy muy bueno manejando los sentimientos negativos así que uso la salida fácil de ignorarlos: tratar de alegrarme la vida con pendejadas, que la chocolatina, que ver la película divertida, que la canción que hace dar ganas de bailar. Así soy yo.

El lío es cuando los sentimientos me arrollan, pues me abruman y no soy capaz de controlarlos. Quizás por el hecho de ser ingeniero he aprendido a ser menos sentimental y usualmente domino mis emociones. No siempre, como ahora. Una de esas cosas que por estos días me ha atropellado de frente es el recordar a mi hermano. Estoy convencido de que cada quién tiene sus dramas y yo hoy quiero hacer catarsis con el mío. No he hablado con mucha gente de esto y por eso mismo nunca le hice catarsis a la muerte de mi hermano. Evidentemente siempre será una melancolía presente, pero al menos ya vivida, con su duelo apropiadamente cerrado.

Mi hermanito, mi prima Cata y yo.
Fuente: http://on.fb.me/bVyYVp
Para hacer un pequeño resumen a los que no saben, mi hermano siempre fue muy enfermo, pasó media vida en hospitales, por tanto mi mamá también. Gracias a Dios pudo hacer una vida relativamente normal, estudiamos juntos los últimos años de secundaria, en el colegio Santo Tomás de Aquino, y él hizo su carrera como publicista. El era 4 años mayor que yo y murió a los 34 años. Como les decía, yo aprendí a guardar los sentimientos negativos, y a procurar no manifestar tristeza, desazón o desánimo. Como le aprendí a una ex novia, creo que siempre se puede tener una sonrisa para los demás. Pero esto de no dejarme llevar por el mal genio lo aprendí precisamente por Sergio, mi hermano. Yo era muy de mal genio y explotaba -las puertas de la casa de mi abuelita, donde pasé mi infancia, son testigo de los arranques que me daban-, hasta que algún día jugando en el parque un niño accidentalmente lastimó a Sergio, y yo, sin considerar la posibilidad de averiguar qué pasó, al ver a mi hermano llorando me lancé contra el otro niño que no salió muy bien librado de la situación. Obvio, yo era un niño y nadie esperaba que lo invitara a mi sala y le preguntara "bueno, ¿qué pasó? cuéntemelo todo. ¿Tinto?". Pero con el pasar de los días me enteré que no había sido culpa del niño y que yo casi lo medio acabo, pues con eso aprendí que siempre es mejor esperar a escuchar la otra versión. Francamente fue una lección de vida para mí y estoy muy agradecido de que me haya llegado tan temprano en la vida. La parte no tan positiva de eso es que me guardo los sentimientos malos, como la rabia y la tristeza, y llega un momento en que todo eso puede explotar.

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En la última época en que mi hermano estuvo muy enfermo, en la que luego sería su última recaída, yo trabajaba para una empresa que considero explotadora. Allí tenía que trabajar todos los sábados no porque fuese parte del contrato sino porque el jefe se ufanaba al decir que "un empleado no tiene vida propia". Pues yo sí la tenía y en ese momento la misma requería de más atención. Mi hermano estaba muy enfermo, hospitalizado, mi mamá salía del trabajo para la clínica y viceversa, yo pasaba varios días sin verla, todo por un trabajo estúpido del que finalmente me echaron un día viernes que dije "lo siento, pero yo mañana no puedo venir". Ya se imaginarán la clase de empresa que era. O que sigue siendo.

Gracias a que no tenía que trabajar más, pude dedicarle más tiempo a mi familia, visitar a mi hermano, acompañar a mi mamá. Y de paso buscar un apartamento con ascensor para que Sergio no tuviese tantos inconvenientes en sus visitas a la clínica por las diálisis cada tercer día. Finalmente él nunca conoció el apartamento, en Cedritos, que es donde él siempre quiso vivir.

La semana que nos mudamos él estaba hospitalizado. Un viernes estando en la clínica, mi mamá y yo fuimos a hablar con el médico en la unidad renal, quien nos dijo "Sergio tiene una semana de vida". Nunca había experimentado tanto dolor en mi vida, aunque no dejé derramar una lágrima: era el único apoyo para mi mamá. Cuando ella se calmó volvimos a la habitación y decidimos que no le diríamos a nadie, en parte para no darles sufrimiento a los más sensibles. Aquí hago un paréntesis para decir públicamente que siempre admiré y admiraré la fortaleza de mi mamá. Quisiera tener la mitad de la entereza que ella tiene. Pocos tenemos la fortuna de aprender de mujeres como ella. Tampoco les dijimos a los demás el poco tiempo que tenía Sergio para que no le hablaran a él con desesperanza y le transmitieran algo que no queríamos.

Esa noche de viernes me quedé en la clínica para que mi mamá pudiera dormir de largo una noche, por fin después de tanto tiempo, y obviamente hacerle compañía a Sergio, que dormía a raticos y por esos días le tenía miedo a la noche. Para él era muy extraño que yo estuviese ahí porque cada vez que se despertaba me preguntaba "¿qué hora es?", "¿ud qué hace aquí?", "¿por qué no se va para la casa?". Es curioso cómo se puede perder la noción de todo cuando estás tan débil. Esa noche, noche que le voy a agradecer eternamente a Dios, noche que me dio la oportunidad de compartir con mi hermano y sentirme menos impotente, sentir que pudimos conversar como cuando éramos niños y nos dormíamos hablando de cuanta cosa se nos ocurriera. Él siempre fue un buen conversador y divertido. Creo que en parte si tengo algo buen humor es por él. Le aprendí muchos apuntes. Esa noche de viernes se "hizo" el enfermo, es decir... grave, y luego se atacó a reír y dijo "eeeeeh, puro amague". Todavía nos reímos cuando nos acordamos mi tía y yo, que éramos los únicos presentes.


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Ese sábado mi mamá se despertó renovada, por fin pudo descansar un poco más. Sergio también amaneció mejor, con más ánimos, con ganas de hablar, de recibir visitas y demás. Qué ironías de la vida, definitivamente. Curiosamente mucha gente nos visitó ese día. Mis medio hermanos pudieron venir ya que entre semana era muy complicado. Vino mi papá también, y por supuesto mi familia González que es la mayor bendición que tengo después de mi mamá. Sergio se sentía feliz, y aunque mi mamá y yo teníamos un nudo en la garganta, siempre estuvimos alegres atendiendo los visitantes. Incluso en algún momento estuvimos los cuatro hermanos en la habitación, junto con mi papá y mi mamá. Sergio me pidió ayuda para sentarse en el borde de la cama y nos fue pidiendo a cada uno un abrazo. Me dejó a mí de último. Cuando me estaba abrazando dijo "qué curioso, esto es como si fuera una despedida. Tenerlos a todos aquí al tiempo". Las piernas me temblaron, lo apreté tan duro como sentí que su cuerpo podía resistir. Le di un beso en la cabeza y me retire a "caminar un ratico".

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Mi hermano, tratando de sacarme del lado oscuro de la fuerza
Fuente: http://on.fb.me/bVyYVp
Hacia la 1 de la tarde salimos con mi mamá al apartamento para bañarnos y almorzar, con la tranquilidad de verlo feliz en compañía de tanta gente. Estando en el apartamento llamamos y mi tía Elbita nos contó que habían llegado sus dos mejores amigos del colegio y no paraban de reírse los tres. Qué emoción y qué tranquilidad. Era una tarde soleada y bonita de Octubre. Almorzamos, nos arreglamos. Ya listos para salir, recibimos una llamada. Mi tía Elbita nos pide que no nos demoremos porque Sergio "se está sintiendo débil". Manejé tan rápido como los nervios y la prudencia me permitieron. Menos mal mi mamá es tan tranquila como yo.

Al llegar a la clínica todos estaban afuera, en la sala junto a las habitaciones. Por supuesto entré casi sin saludar, y vi a mi hermano recostado en la cama, como ido. Casi sin reaccionar. Su cuerpo ya no daba más y estaba totalmente debilitado. Había varios tíos, llorando como nunca los había visto ni lo he vuelto a hacer, y otros familiares lejanos. En ese momento me descompuse y con la voz entrecortada les pedí que se retiraran. Los pocos que nos quedamos en la habitación -un par de tíos, mi hermana y yo, mi mamá no fue capaz- sabíamos que ya no había nada más qué hacer. Sergio ya no tenía fuerzas para hablar. De hecho todos pensaron que él ya no era consciente de las cosas, pero (y es la primera vez que lo voy a decir públicamente) yo sé que él estaba consciente ya que cuando lo abracé y le dije que lo quiero mucho me miró y asintió tratando de decirme algo. La verdad nunca le dije a nadie porque ese es el consuelo que les queda a mis tíos y a mi mamá: que él no sufrió casi en sus últimos momentos y que nunca supo que se iba a morir. - Un favor: Mi familia no suele leerme pero si alguno lo hace o si me lee alguien que conozca a mis familiares, les ruego no decirlo. Ya no viene al caso. Y aunque yo no debería decirlo, necesito hacer catarsis, pido excusas si les encomiendo un secreto que no les corresponde-. Mi tía llamó a un médico para que le inyectara algo a mi hermano y lo dejara descansar. Fue bastante doloroso sentir cómo se le fue la vida de a poquitos, hasta que ya no estuvo más.



Después de que todo esto sucedió, me retiré calmadamente y me encerré en el baño a llorar tan fuerte como pude, para poder hacerlo muy rápido y así estar bien para mi mamá. Es como con la lluvia que es muy fuerte pero pasa pronto. Salí del baño, busqué a mi mamá, la abracé y la besé. Todos se fueron para la capilla de la clínica y finalmente nos quedamos mi hermano menor, el novio de una prima y yo atendiendo lo necesario. Vi cómo envolvieron el cuerpo de mi hermano en las sábanas o mantas, ayudé a hacerlo. Son momentos que nunca olvidaré y que nunca había contado, y aunque me dolía no quería despegarme de mi Sergito, acompañarlo todo lo que pudiese. Luego de todo eso bajamos, las enfermeras y yo, el cuerpo hasta la morgue de la clínica. Esto lo hice porque por ironías de la vida el camino pasaba por la capilla, donde estaba toda mi familia, más precisamente mi mamá. Me adelanté un poco y le pedí a una prima que procurara que mi mamá no se diera cuenta.

Algo que me enorgullece de mi familia es que, a pesar de toda la tristeza, esa noche que fuimos todos a mi apartamento estuvimos tranquilos, calmados. Se respiraba paz... esa paz que se siente cuando en el fondo se sabe que él está mejor, que por fin descansa tranquilo, que ya no le duele nada. Esa paz que sentí al pensar que mi mamá por fin podría, algún día, pasar una noche de largo. Que a pesar del dolor inmenso "era mejor así".

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A la misa llegamos mi mamá y yo sin saludar a mucha gente. Por supuesto nos sentamos adelante. Estando allí noté que mis tíos estaban descompuestos y no se iban a atrever a levantarse frente a la gente y dar las últimas palabras. Saqué fuerzas de algún lugar, me levanté y me paré frente a todos. Ahí noté que había mucha, muchísima gente en la iglesia. No cabían todos, a pesar de ser una iglesia grande, la San Juan de Ávila en Cedritos, para los que conozcan. Honestamente, me sorprendió un poco ver a tantos (incluso mis compañeros de trabajo) en ese lugar acompañándonos. Evidentemente también me alegró mucho. Luego supe que a mi familia se sorprendió mucho cuando me vio subir y que muchos dijeron "juemadre, aquí no aguanto más y lloro fijo". Ya no recuerdo bien todo lo que dije, pero fue algo así:

"Hola a todos, buenas tardes. Les agradezco mucho que estén aquí, acompañándonos a mi familia a mí, ustedes saben que eso vale mucho. Mi hermano siempre fue una persona muy alegre, siempre tuvo una respuesta inteligente y divertida para todo. Por eso mismo hoy les pido que no estemos tristes. Si él, estando enfermo, pudo siempre sonreír, ¿por qué no podemos nosotros? Hoy quiero que estemos alegres, que estemos felices, porque hoy hay fiesta en el cielo".

O.D.

PD. Siempre fuimos mi mamá, Sergio y yo. Siempre fuimos tres. Por eso esta canción, del grupo que aprendí a disfrutar gracias a Sergio. Un saludito para mi chinitico y que me guarde media nubecita por allá, que espero hacer méritos para poderlo acompañar algún día.

Ellos ya siguen a la marmota

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