viernes, 15 de abril de 2011

Allá también están locas

La primera vez que vine a Argentina, mi amiga Leslie me advirtió que acá las mujeres son cosa seria. Aquí no es como en Colombia que hay que ir despacito, que la miradita, que la invitada a bailar y empezar a preguntar cosas, como para hacer inteligencia. A la segunda vez que bailas con ella ya puedes considerar que vas ganando puntos y puedes empezar a pensar en que si le pides el número de teléfono te va a dar el que es y no el de alguna panadería del barrio 20 de Julio. En Colombia las cosas son a otro ritmo. Casi casi que toca conocer primero a los papás y obtener la bendición de la abuelita para poder avanzar alguito con la susodicha.

En Argentina no. O por lo menos eso fue lo que a mí me dijeron . Y seguramente es así porque yo no supe cómo es la cosa, o qué tipo de señales hay que saber leer. Para no sentirme tan mal culpo a la diferencia de lenguajes culturales y que fue por eso que no supe interpretar lo que me querían decir. Esta vez vine a Argentina decidido a intentarlo todo. A dejarlo todo en la cancha, dar el 110 por ciento y hacerle caso a la estrategia del profe, a ver si por "ay" se nos dan las cosas. Vine a sudar hasta la última gota.

Empecemos porque acá la rumba empieza mucho más tarde. Es perfectamente normal llegar a un bar -boliche, según creo que les dicen- a las 2 am. Cuando llegamos sólo había niñas. Diría mujeres, pero en serio eran niñas. Yo creo que no pasaban los 20 años. Eso podía ser muy bueno o muy malo: por ser pocos hombres hay más probabilidades de lograr avances, pero por otro lado llega un momento en que ya no te interesa enredarte con mujeres muy jóvenes.

Yo venía con la experiencia y advertencias de un par de amigos que me aseguraron que las argentinas se conquistan en tres pasos: 1. Mirada, 2. Beso, 3. Cama. Y entre esos tres pasos no debe pasar mucho tiempo, es decir 5 minutos entre el 1. y el 2. y unas dos horas para el último. Perdónenme pero ese es otro nivel para mí; no sé si es que yo soy muy pendejo, muy chapado a la antigua, o muy colombiano, pero yo todavía no concibo que darle un beso y llevarse a la cama a alguien sea tan fácil como esos tres pasos.

*******************

Encontrábame yo bailando con mi amiga @yadiroma, alguno de los muchos reguetones que sonaron -hasta hace un par de años el reguetón era un género poco conocido por acá, pero ya ven, hasta Argentina llegó el perreo, mami, el perreo-. Bueno, supongo que por el hecho de ser latinos, bailamos diferente, y que por eso poco a poco se fue acercando un grupo de estas jóvenes nativas, di tú unas ocho. Las miraditas fueron y vinieron. Empezaron a bailar con nosotros, festejando el comienzo de cada canción. Como en Colombia.

Las niñas estas siguieron coqueteando de manera casi descarada, hasta que sin ninguna razón aparente se fueron. Todas. Las ocho salieron instantáneamente. No sé si tengan un chip y alguien les oprimió un botón. O si la líder del grupo se rascó la axila derecha, seña que en porteño significa "nos largamos de aquí, chicas". El caso es que yo no entendí un carajo. Afortunadamente yo no estaba bailando sólo y pude disimular abrazando a @yadiroma y gritando "EH, EH, EH". Como en Colombia.

Tras ese imprevisto, decidí alejarme de mi grupo. Y de nuevo empecé a bailar sólo, en la mitad del bar. La misma rutina se repitió. Un grupo de niñas poco a poco se empezó a acercar. Y recalco lo de "niñas". Varias me coqueteaban, particularmente una; se me acercaban de manera amenazante. Claro, yo me dije "aquí fue": si una niña te mira, te hace ojitos y te sonríe, ya estás del otro lado. Como en la patria.

Algunas de las integrantes de la manada tenían blackberry y estaban chateando. Incluso alcancé a ver que la niña que más me coqueteaba -que ahora llamaremos Flori- estaba respondiendo en su celular a una propuesta de alguna amiga que decía "DALE BOOOCAAAAA". Bueno, es probable que las niñas fueran hinchas furibundas del equipo Xeneixe y se estuvieran lanzando porras en medio de la rumba. Sé que los argentinos son muy amantes del fútbol. Menos mal no les dije que soy del América o sino me habrían humillado inmisericordemente. Así son los boquenses. Sin embargo era probable que no estuvieran hablando de "Dale Bocaaaa, Dale campeóoooon", sino de mí. Al menos eso pensé esa noche, como buen colombiano convencido.

Cuando alias Flori se me acercó descaradamente y me bailó poniéndome… bueno, digamos que ya no pasaba la luz entre nosotros… pues ¿qué hice yo? pues puse mi mano en su cintura y empecé a bailar con ella. Como en la tierrita. Acto seguido, Flori se dio la vuelta y me empujó amenazante, como retándome a seguir -así son los buenos tangos-. Yo sólo opté por levantar mis manos y decirle "ya tranquila, no pasa nada. Fresca", y seguí bailando en mi mundo. A los pocos minutos Flori se me acerca de nuevo y me empujó con más fuerza. Ahí ya no entendí. Esta vieja está muy loca, pensé. Levanté de nuevo mis brazos en señal de paz; incluso un muchachito argentino empezó a gritarle "HEEEEEY. HEEEEEY", como diciéndole "no jodas, aquí no pasa nada". Cuando le pregunté al mancito qué pasaba me dijo "¿y qué sé sho? Y así son todas, ¿viste? Están loooocas".

Eso me tranquilizó y seguí en lo mío, inocente y desprevenido. Pero de la nada se acercó Flori y me lanzó una bofetada. Habría sido muy sencillo esquivarla, bloquearla o regresársela con gancho al hígado -que de algo sirvan las clases de Kung Fu por correspondencia, que tomé antes de entrar a la universidad- pero estaba tan extrañado y sorprendido por el comportamiento de la niña aquella, que sólo me dejé pegar. La miré extrañadísimo y le dije con el acento más colombiano que pude "yaaa, cálmate. En serio fresca", y me fui antes de que le diera por abalanzarse a golpearme. O de pronto a besarme, violarme y luego fumar, como en los buenos tangos. Y no me dio miedo por lo loca que podría estar ella sino porque no me gusta ser fumador pasivo. Odio que la ropa me quede oliendo a chicote y soy muy estricto con eso.

Me regresé al lugar donde estaba originalmente y allí estaban las mismas niñas del principio. La manada de ocho. Bailé con ellas, me pidieron chicles y les compartí. Como yo era el único hombre del grupo, fui feliz. Estaba a punto de bailarles el trencito o el meneíto y convenciéndolas de que eso es lo último en las fiestas reguetoneras por el caribe -para conquistarlas- sólo que justo en ese momento llegó @sebasjuantian a decirme que ya nos íbamos. No pude convencer a ninguna. Culpa de Sebastián, por supuesto.

Nunca entendí lo que pasó con Flori y nuestro prometedor amor fugaz. Me fui cabizbajo y pensativo, pasé varias noches sin dormir, hasta que supe que en Argentina una mujer "fresca" es una mujer fácil.

Ellos ya siguen a la marmota

Marmotazos populares