martes, 23 de febrero de 2010

No soy todoterreno

Por estos días ha estado sonando un concurso en el que chévrolet está regalando una Captiva. Como paréntesis, si a alguno le interesa ganarse esa "bobadita", pásese por aquí, o en el grupo de facebook.

El caso es que para ganarse la Captiva dicen que hay que ser todoterreno. Lo que me puso a pensar: ¿qué es lo más todoterreno que he hecho?. Me puse a la tarea de recorrer mis memorias y concluyo que definitivamente no soy todoterreno. La escena era algo como "Huy la vez que... ah no, no, eso es muy pendejo. O el día que ... ah no, tampoco, al fin no lo hicimos. AAAAH, y cuando hicimos bungie!!! Ah, verdad que eso lo vi por televisión." Se imaginarán.

Haciendo un recorrido de mi vida me encontré con que alguna vez acampé en Villa de Leyva. Si señores. Algunos dirán "baaah, pero eso lo hace cualquiera". Yo les respondo: Sí, cómo no. Pero es que yo no sólo fui a acampar sino que fui a un lugar que tiene baño y todo. Y con agua caliente, para más señas. En ese viaje creo que lo más extremo que hice fue comerme una mortadela que ya tenía un color verduzco, producto de la nula refrigeración a la que fue sometida luego de salir del supermercado en que la compramos. Bueno, ahora que lo pienso también hubo marihuana en este paseo: unos vecinos de carpa les ofrecieron unos porros a mis amigos (íbamos dos parejas) y a mí ME LLEGABA EL HUMO!! Juro que me sentí más risueño esa noche, aunque no niego que pudo ser porque mis amigos se reían de manera pegajosa.

Tan todoterreno soy que cuando mi novia (en aquel entonces) me llevó al baúl de su carro para entregarme su regalo por mi grado universitario le dije -antes de ver cualquier cosa- "woooooooow, apuesto que es la carpa que siempre quise!!". Cuando vi su cara de desilusión me di cuenta que efectivamente era una carpa, y que debí decir: "El arpón y la careta que siempre quise", o "por fin alguien me regala un libro de anatomía del pingüino, que tanta falta me hace". Debo decir que mi ex novia es una amante de este tipo de cosas, ella suele ir a los nevados a caminatas. Ella sí conoce la nieve colombiana.

Yo soy muy citadino. Eso es claro. Para mí los paseos no son ir a pasar tres días sin bañarme, caminar por cinco horas para llegar a mi destino, ni hablar con las estrellas. Yo dejé de hablar con las estrellas cuando Amparo Grisales me ignoró una vez que me la encontré en el parque de la 93. No me hallo con 5 hojas de plátano debajo del brazo buscando el arbusto más grande para poder hacer mis necesidades más íntimas. No podría ir al amazonas a recorrer la selva a sabiendas que existe el mosquito aquel que, una vez te escoge como víctima, te persigue y te persigue hasta que o te dejes picar y dejar sus huevos para incubar, o lo mates cortándolo por la mitad. Al menos eso me dijo mi amigo alemán que estuvo por allá. Y yo le creí. Igual, si no es cierto no tengo mucho interés en confirmarlo. Si llego a conocer a Kapax no será en su hábitat, se los puedo asegurar. Lo más cerca que he estado de un hipopótamo es el día que fui a ver Madagascar en cine.

Creo que este año ya cumplí mi cuota de todoterrenismo cuando me fui con un grupo de amigos a Melgar al hotel Mediterráneo -para políticos y gente de mucho gusto, caballero-. En la piscina de tan distinguido hotel se podía apreciar todo tipo de especímenes, desde la damicela de cuerpo escultural -el señor Fernando Botero hizo una escultura igualitica- cuyo vestido de baño era un brassier que perfectamente podría ser donado para cubrir la segunda y tercera pistas del circo Hermanos Gasca. Después no digas que no te avisamos.

También se podía ver en su ambiente natural al hombre que dedicó al menos 30 años a moldear su estómago hasta dejarlo en una esfera perfectamente formada. No crean, ese régimen de cerveza no es fácil de seguir. No faltó el caballero con su apropiada tanga narizona con estampado de cebra. No, no, no. Es que me sentía en Africa. Muy interesante el safari. ¡P'a qué! Y a tan sólo 3 horas de Bogotá, un balneario en toda su expresión (insértese aquí música de Pastor López).

Sí. Soy de los que no ve Animal Planet ni por equivocación, de los que no ha ido al Cocuy ni al Tayrona, aunque ganas no me faltan. Bueno, para no dejarme tan mal parado y en honor a la verdad, he hecho parapente y rafting. Y me gustó, lo volvería a hacer. Espero hacer algún día paracaidismo.

No soy todoterreno y lo reconozco. Me siento guerrero cuando he ido al bar La Pola y me siento como Viernes -el de Robinson Crusoe- rodeado por la tribu a punto de comérselo. Soy cuadriculado como todo ingeniero de sistemas que se respete. Pero así y todo, por una Captiva, yo hasta salgo con Marbelle.

Ellos ya siguen a la marmota

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