martes, 8 de junio de 2010

Plata llama plata

Hoy no voy a hablar de vainas personales. Hoy me puse denso. Así que si ud disfruta de la desgracia ajena, jodidos. Pero nada, lo invito a que lea algo de esto, de pronto lo dejo pensando un poquito, que es la idea de este blog. Prometo volver algún día no muy lejano con las banalidades y las páginas rosa.

Cuando conocí el nuevo estadio de los Dallas Cowboys me dije algo como "juemadre, a esto le caben al menos tres como El Campín". La verdad es que no he podido confirmarlo porque por más que busqué, no encontré el dato de cuánto mide el estadio bogotano, al menos en altura. Sé que el de los cowboys mide 292 pies (89 metros) que es aproximadamente un jurgo. Yo no creo que El Campín alcance los 40 metros, aunque puedo equivocarme; si alguno tiene el dato, se le recibe.

Por encimita les cuento que el estadio este es muy imponente. La entrada no parece la de un estadio sino la de un lobby. El lujo -o las comodidades, más bien- se sienten en todo lado. Todo es entapetado, en cada esquina hay un televisor para no perderse detalle de los juegos. En fin... todo lo que se quieran imaginar. Como si fuera poco, en Abril del 2010 demolieron el estadio 'viejo'. ¿Viejo? ¿Saben cuándo lo construyeron? En 1971. Claro, es viejo, son casi 40 años. Ahora, ¿quieren saber cuándo construyeron El Campín? en 1952. Bueno, de hecho la cancha como tal es de 1938. A mí me dio pena cuando me enteré. Y no pena ajena. Cuando estaba averiguando esperaba un... 1970 cuando mucho. Pero ¿1952? ¿La remodelación?

En fin. La vaina es que a nosotros los tercermundistas como que nos da pena gastar y por tanto cobrar. Y lo más triste es que nos da miedo prestarlo porque se lo tiran. Es como si yo no le prestara a mi ahijado un carrito destartalado con el que jugaba cuando niño, porque de pronto me lo daña. Mientras, los gringos se dan el lujo de encender a dinamita un estadio que era 20 años más joven que nuestro único estadio capitalino del que muchos se sienten orgullosos. Parte del orgullo campinero es que el 29 de noviembre de 1967 se jugó el primer partido con luz artificial. Perdónenme, pero que usemos un estadio que cuando lo construyeron no tenía servicio de iluminación no me hace sentir bien ni inflar pecho. Es más, ese partido fue entre Santa Fé y Checoslovaquia. ¡¡¡ YA NO EXISTE NI EL PAÍS !!! Qué oso.

Bueno, todo eso me puso a pensar inicialmente en que 'estos gringos sí gastan plata en pendejadas'. Pero luego pensé en que los gringos sí saben invertir la plata. Y recalco: no gastar, sino invertir. Mientras el estadio de Bogotá costó 719 mil dólares, el de los Cowboys (no se vale decir el de Dallas, porque allá hay cualquier cantidad de estadios y similares) costó 1.300 millones de dólares. Y no me vengan con pendejadas de "es que la devaluación, es que antes era todo más caro" y demás. Simplemente no tenemos visión. A nuestro ilustrísimo alcalde bobo-litro le da miedo invertir en un escenario para eventos con cupo para miserables 20 mil personas -que a mi juicio se queda corto para una ciudad de unos 7 millones de habitantes.

Y es que esas construcciones de gran tamaño son inversiones y, como tal, el dinero no se recupera al otro día, ni al otro año. Es una inversión a largo plazo. Pero si le damos vida util de 50 años, con que el saldo no sea rojo a 10 años ya es ganancia, ¿no? Debemos pensar a largo plazo -es por eso que me gusta más la propuesta de Mockus que la de Santos, pero no tocaré el tema, ya ustedes conocen mi opinión-. Y estas inversiones no es que se recuperen del arriendo de carritos de perros, de casetas de palitos de queso a 5 mil ni de clásicos Santa Fé - La Equidad. No señores. Se recupera con mercadeo de verdad, con eventos grandes. Si tuviésemos un estadio de verdad, U2 ya habría venido. Ok, si tuviéramos el estadio y si lo prestáramos, no como niños consentidos y envidiosos.

El estadio de los Cowboys tiene el televisor de alta definición más grande del mundo. Y créanme, es cochinamente grande. Cuando a uno se lo cuentan uno dice "huy sí, muchos duros" pero verlo es otra cosa. Mide 48.7 x 30 metros, osea más grande que una cancha de baloncesto profesional. Absurdo. Y uno puede pensar que es despilfarrar la plata pero lo que se logra con vainas como esa, es que los turistas, como uno, se vayan y paguen 15 dólares por entrar a conocer el estadio, televisor incluido. En mi grupo íbamos como 50 personas. Nos despacharon en 2 horas. Por día deben entrar al menos unos 10 grupos. A eso súmenle lo que uno paga por la foto de rigor y lo que se compra en la tienda de recuerdos. Hagan el cálculo.

Y también está la plata de prestar el estadio. Ellos sí prestan el juguete nuevo. Como parte del tour lo pasan a uno por la bodega en la que tienen montones y montones de 'cesped' artificial. Ellos saben que esas vainas se gastan y, eventualmente, se dañan. Parte de las cláusulas al prestarlo es que se reemplaza cualquier porción de campo que se considere en regular estado. Imagínense lo que costaría una lesión de uno de esos jugadores de fútbol americano. Y la demanda. Pues es más barato cambiar el campo entero y, por tanto, cobrarlo e incluirlo en el contrato. Simple. Se dejan de pendejadas. Aquí nos da miedo prestar las ruinas del campín porque no vaya y se nos lesione "La Champeta" Velasquez. Y eso nos pasa en todo. Somos líchigos y mientras no dejemos de pensar con esa envidia, mientras no nos de pena invertir en vainas buenas y cobrar por lo que valen, pues seguiremos en la inmunda. Mientras sigamos creyendo que vamos por buen camino y que "si no está dañado para qué arreglarlo" seguiremos nadando en el lodo. Pensemos en grande, que tenemos de dónde y cómo. Seamos progresistas. Con educación todo se puede. Humilde opinión.

Ellos ya siguen a la marmota

Marmotazos populares