miércoles, 13 de octubre de 2010

De cómo conocí a mi papá.

Yo pertenezco a esa gran cantidad de personas de mi generación que crecimos sin un papá. Cuenta la historia que mis papás estuvieron juntos por algo más de cuatro años, es decir justo el tiempo entre el nacimiento de mi hermano y el mío. Yo me imagino la escena de ese día algo así: 'Señor Gamboa: es usted padre de un hermoso niño!' -'Claro, Sergito es una belleza' pensaría mi papá, hasta que entendió que le hablaban de mí. Me miró, detenidamente... y tras reflexionar un rato balbuceó algo como... 'este... sí, sí... ehmmm, qué nervios, ¿no? Creo que necesito un cigarrillo. Ya veeeengoooo'. Supongo que mi papá tiene un gusto refinado por los cigarrillos y aún no ha encontrado esa marca que tanto le gusta.

No es secreto que a alguien no le hace falta lo que no ha tenido, y yo no fui la excepción. Como no tuve esa figura paternal realmente nunca sentí su ausencia. Claro, todo esto también es gracias a la sabiduría de Bertica, mi mamá, que supo manejar las situaciones casi a la perfección. A mí nunca me preguntaron en el colegio ¿Omar, ud por qué no tiene papá?, y creo que tampoco habría sabido qué responderles. Supongo que les habría dicho que es que él se fue con otra familia y allá es feliz, en una casa muy bonita. Y ya les digo por qué. 


Fuente: http://daviviendaproductos.blogspot.com/ 
El día que supe cómo luce mi papá fue en algún Diciembre de comienzos de la década de los 80. Estábamos todos en mi casa viendo televisión cuando salió uno de esos comerciales navideños de Davivienda: vista general de pesebre, muy bonito él, armado a punta de casitas rojas chiquiticas, iluminadas desde adentro, muy bonitas ellas. Acercamiento a una de las casitas (sí, la casita roja de Davivienda) y entra la cámara por la ventanita y se ve una familia feliz, animada, celebrando su navidad, entregándose los regalos. Muy bonita la familia y los regalos. En ese momento mi mamá dice 'mira, ese es tu papá'. ¿QUÉEEEEEEE? Sobra decir que desde ahí ya no me pareció tan bonita la familia, mucho menos los mugrosos chinos esos que estaban ahí recibiendo regalos de MI papá. Esos regalos son MÍOS!!! Aceptémoslo: mi papá no me importaba tanto como los regalos. YO QUERÍA ESA CAJA GRANDOTA PARA Mí !! ¡Qué desgracia tan infinita!

Mi mamá siempre fue muy sincera y me explicó las cosas como son: 'No, mi amorcito, ese SI es tu papá, pero esos no son los hijos ni la mujer, ellos son actores. Les pagan por eso'. Qué alivio, osea que los regalos tampoco eran de verdad. O sea que los regalos podrían ser para mí ! Yeeeeessssssssssss. Bueno, tal vez dije fue 'Siiiiiiiiiii', porque yo no le jalaba mucho al inglés por aquellos días. Mi mamá continuó: 'La familia de verdad está en otro lado, creo que en Fusa'. ¿QUÉEEEEEEEEEE? ¿O sea que no hay regalos? ¡No es justo! ¡Yo he sido un hijo ejemplar! Al menos tan buen hijo como él buen papá (el viejo truco de echarle la culpa al otro). Bertica siempre fue muy buena madre, así que no me hizo falta ni el papá, ni el regalo. Mi mamá siempre nos llenó de cuanto juguete se nos ocurriera a los dos malcriados y consentidos niños. Tuvimos desde guantes de boxeo hasta carpa, pasando por la colección de carritos que yo armaba en fila por todo el "hall" de la casa. Tuve una infancia muy bonita.

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Un tiempo después estaba yo alistándome para salir a mi universidad. Resulta que en la casa en la que viví gran parte de mi vida, en el barrio El Polo -Polo Club-, el baño queda junto a la puerta de la casa. Pues estaba yo en este baño peinándome cuando sonó el timbre. Fui y abrí. Casi suelto la maleta cuando al abrir la puerta ví exactamente lo mismo que estaba viendo en el baño dos segundos antes. Bueno, lo mismo, pero como 20 años después. Osea... ¡¡era un espejo del futuro!! Cuando escuché el 'quiubo chino' que siempre usó mi papá cuando me llamaba anualmente para mi cumpleaños, caí en cuenta que no era un espejo. Lo saludé y entró a la casa, dejando a su paso el olor característico a cigarrillo. Juemadre, ¡o sea que SÍ encontró cigarrillos! 

Claro, yo ya no tenía 6 años como para esperar que mi papá viniera para quedarse. Aunque sí tenía 18 como para esperar que se le hubiese enredado, no sé, un beeper, un celular, las llaves de un Mazda 323 último modelo. O sea... 18 años de regalos más intereses -y yo siempre he sido muy interesado- eso bajito bajito era un carro. Aunque sea un Sprint. Pero nada. Manos vacías. Parqueadero desocupado. No recuerdo el motivo por el que mi papá fue a visitarnos ese día, pero sí sé que no era un motivo de más de dos horas. 

Como conclusión de ese día me quedan dos ideas: una, que mi papá no fue por cigarrillos, dos, que si fue porque yo le salí muy feíto, pues de malas porque salí igualito a él. ¡JA! ¡En tu carota! O en la mía.

PD. Otro día les cuento cómo conocí a mis hermanos (si ellos me dejan).

Ellos ya siguen a la marmota

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